


Nos situamos en el año 3020, en un mundo pos apocalíptico donde los humanos tal y como los conocemos habían desaparecido. El único rastro que quedaba de ellos eran pequeñas manadas de descendientes de aquello que fueron. Su aspecto era humanoide y su cuerpo estaba adaptado al nuevo entorno hostil en el que vivían. Un hábitat de aire contaminado donde lo que una vez fueron grandes vertederos, ahora constituían sus casas.
Estos descendientes humanoides tenían las extremidades más largas y los ojos pequeños, pues apenas soportaban estar mucho tiempo expuestos a la luz; grandes uñas y dientes afilados para desgarrar restos, y orificios nasales pequeños.
En cuanto a su comportamiento, se parecían a los primeros hombres que todavía no habían dejado de ser animales y su mente seguía siendo irracional. Vivían en inmensos estercoleros donde los restos desechables de la humanidad les daban cobijo. Se arropaban bajo una especie de cuevas, parecidas a los pasillos subterráneos de los hormigueros.
Cavernas de óxido nace en torno a la alteración que sufre este mundo cuando uno de estos humanoides da vida a un niño humano normal. La manada de humanoides lo rechaza al verlo, pero finalmente lo integra en el grupo.
El niño crece, y con los años se da cuenta de que la manada con la que está no es a la que pertenece, él se siente diferente.


Una noche durante su adolescencia, se produce un derrumbe en las cuevas que deja al niño aislado bajo lo que parece una antigua línea de metro.
Intenta buscar una salida, y un extraño artefacto detiene su paso. Al tocarlo siente algo inusual, siente como si ya hubiera tenido ese objeto en sus manos, su tacto le resulta familiar y recuerdos que no ha vivido aterrizan en su mente.
Al tocar sus botones, el artefacto reproduce un sonido sintetizado y nada orgánico que el niño ya había escuchado antes. El de la nave industrial cercana a su madriguera. Lo que tiene en sus manos es lo que nosotros conocemos como una grabadora.
Atraído por la familiaridad de este sonido, encuentra la motivación y el camino para ir a su origen. Se detiene ante una gran puerta de metal cerrada que en su parte derecha sostiene un teclado. Intuitivamente y sin saber por qué, posa su mano y escribe la contraseña para abrir la puerta. La cruza y avanza por unos conductos desconocidos y a la vez familiares que albergan rejillas a través de las cuales puede observar un mundo totalmente diferente al que conoce.
Sigue el único camino que tiene delante hasta caer en una habitación repleta de monitores que graban el mundo humanoide del que viene.
Todo parece ser un experimento
- ¿Por qué nos graban? - se pregunta.
- ¿Por qué siento que ya he estado aquí?
Lleno de preguntas, abre la puerta que hay a sus espaldas y descubre criaturas de su mundo almacenadas en capsulas de criogenización. Él no entiende nada pues desconoce estas capsulas y su función.
Sigue avanzando y encuentra una imagen que le llama la atención, por ser lo más bonito que ha visto nunca, es una fotografía de un bosque. Al verlo siente que ese es su hogar.

Guiado por su instinto, que le trajo hasta aquí, decide recorrer todas las plantas de este recinto hasta dar con una pequeña rendija por donde logra salir. Ante sus ojos encuentra el paisaje que había visto en los conductos, y una sensación de libertad llena su cuerpo y libera su mente.
Entiende entonces lo físicamente fácil que era salir del mundo en el que nació, y la curiosidad que hacía falta para cruzar la puerta.


Proyecto artístico dirigido por Iván Díaz, Patricia Siré, Alison Uriarte y Álvaro Callejo / Director Iván Díaz /
Montaje y diseño Patricia Siré / Fotografía de Iván Diaz y Patricia Siré
